Las patas son apéndices articulados que permiten a las hormigas caminar, aunque también pueden tener otras funciones como la detección de vibraciones en el terreno.
Las hormigas, como el resto de los insectos, disponen de seis de estos apéndices unidos al mesosoma: dos anteriores o protorácicas, dos medias o mesotorácicas y dos posteriores o metatorácicas

Las patas se componen de seis segmentos: coxa, trocánter, fémur, tibia, tarso y pretarso

La coxa es el primer segmento y une cada pata con cada segmento del mesosoma en su parte ventral

Le sigue el trocánter, un pequeño segmento que sirve de articulación entre la coxa y el tercer segmento, el fémur

Tras el fémur (fem) encontramos la tibia (tib), que puede ir provista de espolones (esp)

Los espolones pueden tener forma de espina (simples), espinas con una cresta estrecha y poco desarrollada (barbudos) o forma de peine (pectinados)

El espolón pectinado, localizado en las patas delanteras, se denomina estrigilo y se utiliza sobre todo para funciones de limpieza.
Las hormigas pueden tener varios o ningún espolón en las tibias de las patas medias y traseras, siendo este número y el tipo de gran importancia taxonómica.
Tras la tibia (tib), encontramos el tarso, (tar) compuesto de cinco segmentos denominados tarsómeros (t1-t5)
El primer tarsómero es el denominado basitarso o tarsómero basal (bst) y es el más largo.

El último segmento es el pretarso, cuyo extremo contiene dos uñas o garras pretarsales (gar) generalmente lisas pero que en algunas especies pueden ser dentadas o pectinadas siendo caracteres diagnósticos de algunos géneros.
Entre las garras podemos encontrar una estructura en forma de almohadilla denominada arolio o arolium (aro) con funciones de locomoción.

